viernes, 3 de abril de 2015

Breves comentarios sobre los libros que leí en Marzo de 2015

Los siguientes comentarios son totalmente personales y para nada profesionales. Además, por su naturaleza, podrían contener spoilers.


Pequeñas mentirosas por Sara Shepard (2006)

Lo primero que quiero decir sobre este libro es que su narrativa tiene una jerga mucho más juvenil de la que me esperaba. Incluso podría decir que la serie de televisión Pretty Little Liars, la cual se basa evidentemente en este libro, hace menos uso de este recurso. No es algo malo, pero por alguna razón que desconozco no esperaba que fuese así.

Este es el primero de una serie de 16 libros ―hasta ahora― más 2 precuelas. Si yo creía que la serie ya se había extendido un poquito, enterarme de este dato pues sí que me sobresaltó un poco, tanto por el coste económico que representa ―cada libro no baja de los $300.00 M.N.― como por la dificultad de encontrarse uno en alguna librería de la ciudad. Esto por supuesto refuerza mi apoyo a los libros electrónicos: buenos, bonitos y baratos.

Este libro sienta las bases de toda la historia y por lo mismo apenas si se profundiza. Mucho tiene que ver que hay que repartir las claves en tantos libros. Sin embargo, me gustó ver que la serie hace una buena interpretación de esta primer historia ―con las permisiones propias de transformar una novela a un guión televisivo―. Espero que los demás sigan el mismo estilo y así pueda encontrar más claves sobre «A» y por qué carajos se la pasa jodiendo.

Lo último es lo que más me tiene intrigado, porque casi toda la serie me la pasé creyendo que era una historia que hablaba sobre el bullying, pero con los últimos capítulos pasó a ser algo más del tipo psicópata-policíaco.

No es mi libro favorito del mes, pero siempre es entretenido leer los libros que se han convertido en series o películas y así comparar y complementar la historia. A partir de este, leeré sólo uno de la saga cada mes, tanto para no perder el hilo como para no fastidiarme; porque todo cansa si trata siempre de lo mismo.

La metamorfosis por Franz Kafka (1916)

La impresión que me llevé de este libro fue de que describe a una persona en depresión. Puede que no sea así, pero como dicen por ahí: los que avistan más ovni son aquellos que precisamente los andan buscando.

Me explico. Gregorio se despierta un día sin poderse mover con libertad sólo para pronto darse cuenta de que se ha convertido en un insecto. O quizás jamás se haya transformado en uno, sino que en realidad él se sentía como uno. Algo parecido a lo que piensa de si misma una persona con baja autoestima. Luego, se ve imposibilitado para desempeñar sus actividades normales, se recluye en su habitación sucia y oscura, y las personas lo empiezan a considerar realmente alguien desagradable, sin embargo, tratan de ayudarlo.  Pasa el tiempo y en vista de no mostrar mejoría, cansados, comienzan a ignorarlo y a considerarlo una inmesa carga. Tan dificil es ya convivir con él que piensan deshacerse de él, no sin antes intentar convencerse a ellos mismos que hicieron todo lo posible por él. En medio de todo esto, alguien parece entenderlo y le ofrece cariño. Y es precisamente esta persona la que de verdad se muestra molesta con las personas por parecer aliviadas con el hecho de que, después de una abrumadora tristeza e impotencia, Gregorio al fin haya muerto.

Puede que no trate de lo que acabo de decir, pero fácilmente se podría encontrar una similitud. Al menos así es como yo entendí el libro, aún con toda la introducción del marco historico que se incluye en el prologo.

Nunca me abandones por Kazuo Ishiguro (2005)

Esta historia la conocí por la película que se basa en la misma y que lleva el mismo nombre. Si he de dar una crítica rápida, la película es muy fiel a la historia del libro. Y lo que es mejor, el libro es genial. El concepto y la forma de desarrollarlo es sencillamente estupendo. Quizás la película tiene un poco más de románticismo, pero no es algo que caiga mal. De hecho, es todo lo contrario.

Sobre la historia, al tratar de una sociedad distópica, ya la hace interesante. A mi en particular me encanta que exploten esos temas. Este además, pone en un conflicto moral y ético al lector, puesto que si uno se pone a pensar qué haría en tal situación lo más seguro es que dude aunque sea un segundo.

Evidentemente con nuestra formación rechazaríamos la idea con desagrado, puesto que se trata de algo terrible. Empero, hay que ponerse en el lugar de un ciudadano de tal sociedad, con su formación y experiencias particulares lejanas de todo lo que consideramos correcto. Entonces y sólo entonces es cuando de verdad podemos ponernos a pensar en el qué haríamos si...

Asimismo, el modo en que se muestra como se fortalecen las relaciones personales; la forma en que éstas se deterioran o se cansan por momentos; y el cuidado con el que se manejan tan detalladamente todos los sentimientos expresados por cada personaje ―con un estilo casi dulce― hacen que toda la idea se torne mucho más compleja. No es sólo una historia de una sociedad posguerra polémica.

Este fue mi libro favorito de marzo. La razón: provoca todo tipo de emociones. Así de simple.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Breves comentarios sobre los libros que leí en Febrero de 2015

Los siguientes comentarios son totalmente personales y para nada profesionales. Además, por su naturaleza, podrían contener spoilers.


El cuento del cortador de bambú traducido por Kayoko Takagi (~900)


En general me encantan los cuentos. Me gusta que se extiendan lo justo y que por lo regular sean emocionantes en su totalidad.

A mis amigos no les parece nada extraño que conserve una fascinación natural a la cultura japonesa. Y eso incluye, por supuesto, los cuentos japoneses.

Taketori Monogatari —como también se le conoce— tiene por particularidad su antigüedad. Tan viejo es que se le considera la primer obra de ficción escrita en japonés. Además, el cuento se desenvuelve en tiempos aún más remotos, lo que hace de este relato de lo más interesante.

Eso sí, precisamente por su antigüedad, viene acompañado de muchísimas notas para poder entender el momento histórico para poder disfrutar mejor la historia.

En resumen, me gustó.


Después del terremoto por Haruki Murakami (2013)

Puede que no sea un libro complejo ni mucho menos extenso, pero sí que es lo suficientemente sustancioso como para interesarse en cada una de las seis historias que componen esta obra. Y es que uno empieza a leerlo pensando encontrarse con historias desgarradoras sobre el terremoto de Kobe. Historias como las que suelen pasar por televisión durante las semanas en que los noticieros le ponen atención a los desastres. Nada más lejano a la realidad.

Las historias, en efecto, incluyen en mayor o menor medida referencias al terremoto, aunque nunca es el punto principal. Esto es lo que hace interesante a este libro. Relatos sobre la vida después del desastre; sobre como los japoneses continuaron sus vidas con sus respectivos terremotos personales.

Creo que no hace falta decir que no son reportajes ni mucho menos historias basadas en la realidad. Todo es ficción. Y por si acaso queda duda, el relato de Rana hace más que evidente este hecho, que por cierto, Rana salva a Tokyo fue mi historia favorita.

Pienso que muchos comprenderán de inmediato el capítulo Un ovni aterriza en Kushiro. Estoy convencido que todos hemos visto un ovni... y de pronto todo cambió.

Por último, —y no porque los otros relatos no hayan sido buenos— me gustaría hacer mención a lo ocurrido a la Doctora Satsuki puesto que siento que es un pequeño guiño a lo que sucede a diario en naciones de primer mundo, pero que por ser sociedades libres y civilizadas, queda oculto a la vista del mundo:

Meses atrás, alguien había hecho añicos los cristales de las ventanillas y los faros del Honda Accord de Satsuki, estacionado en el aparcamiento del hospital, y había escrito en el capó con pintura blanca: COCHE JAPONÉS. Ella había llamado a la policía. Tras rellenar la denuncia, el corpulento policía negro encargado del caso le había dicho: —Doctora, esto es Detroit. La próxima ve cómprese un Ford Taurus.


Cometas en el cielo por Khaled Hosseini (2003)

Este libro es muy, muy, muy, muy emotivo. Y no, no exagero. Se experimenta de todo en esta historia; alegría, coraje, tristeza, frustración y más. Deja ver a Afganistán y a sus habitantes  de una forma en la que muchos no hemos tenido la fortuna de ver. Ya que aunque no es un libro histórico, lo que se cuenta de ese lugar, sus costumbres y tradiciones, resultan ser de lo más alejado al estereotipo que nos hemos creado todos los que no conocemos la verdad. Porque bien sabemos que ninguna nación es buena ni mala, así como que ni todos sus habitantes son bondadosos ni mucho menos todos son malvados. La única verdad es que hay unos con más problemas que otros.

No quisiera extenderme contando cada parte que me gustó o impresionó. La única forma de juzgar justamente qué tan bueno es, es precisamente leyéndolo.

Para finalizar y como ya se habrá notado, Cometas en el cielo fue mi libro favorito de febrero.

Adjunto algunas frases que me gustaron. Son pocas, aunque fácil se pudieron multiplicar por 10:

Las historias tristes producen buenos libros.
¡Despreocupado estaba el amor y entonces llegaron los problemas!
En eso, creo, consiste la auténtica redención, Amir jan: en el sentimiento de culpa que desemboca en la bondad.
La perspectiva es un lujo que sólo pueden permitirse las mentes que no están atormentadas por un enjambre de demonios.

Por ti lo haría mil veces más.

sábado, 28 de febrero de 2015

Breves comentarios sobre los libros que leí en Enero de 2015

Los siguientes comentarios son totalmente personales y para nada profesionales. Además, por su naturaleza, podrían contener spoilers.


Todos ustedes, zombies por Robert Anson Heinlein (1959)

Pese al nombre, no, no trata de zombies. Aclarado esto, puedo decir que este relato es simplemente espectacular. Incluye todos los elementos necesarios para mantener a cualquiera leyendo de principio a fin y sin parar, ya que no es un relato largo, por lo que todo el contenido es sustancial. Además es ciencia ficción, en especifico, viajes en el tiempo. Por lo que desde ahí ya es atractivo, aunque no quisiera pecar de superficial por clasificar el contenido así. Sólo leyéndolo se puede saber que tan bueno es. Eso sí, prepárate para un mind blown.

Como dato extra, tiene una asombrosa adaptación al cine; de verdad increíble.


El cuervo por Edgar Allan Poe (1809)

Uno se da cuenta de cuán romántico puede ser Allan Poe al leer El Cuervo. Más que algo gótico yo lo sentí como una historia de amor...

... amor. Eso es todo, y nada más.







Memoria de mis putas tristes por Gabriel García Márquez (2004)

¡Ay, Gabo, pero que libro más. malo me hiciste —está bien, no me obligaste— leer! Y es que no sé si es malo o tedioso, o sólo fue el hecho de que por tener tu nombre me esperaba algo mucho mejor. Lo cierto es que la historia no me convenció para una novela que trata de amor y menos de la forma en que lo planteaste; «neta» no fue buena idea.

Fue casi tan bueno como leer 11 Minutos de Paulo Coelho. Encima, hay una película. Quizá un día de estos la vea. Tal vez con la interpretación del director me replantee mi opinión. Eso sí, me gustó mucho un párrafo que compartiré a continuación:

Pasé hasta una semana sin quitarme el mameluco de mecánico ni de día ni de noche, sin bañarme, sin afeitarme, sin cepillarme los dientes, porque el amor me enseñó demasiado tarde que uno se arregla para alguien, se viste y se perfuma para alguien, y yo nunca había tenido para quién.


El libro de los amores ridículos por Milan Kundera (1968)

Me decidí a leer Kundera por un comentario/recomendación de una buena amiga. Por lo mismo, le tenía fe sobrada. Sin embargo, quizás escogí mal el libro para comenzar o de plano no soy 100% compatible a su narrativa; me resultó un viaje en montaña rusa. Pero no por la emoción desenfrenada, no. Sino porque algunos relatos me parecieron buenos y otros los sentí muy tediosos.

Espero que el próximo libro que lea de ti, camarada Kundera, lo disfrute más que este.

Me permito adjuntar unos cuantos pasajes que me gustaron:

Hice un gesto despectivo y dije que el sentido de la vida consistía en divertirse viviendo y que si la vida era demasiado holgazana para que eso fuera posible, no había más remedio que darle un empujoncito. Uno debe cabalgar permanentemente a lomos de las historias, esos potros raudos sin los cuales se arrastraría uno por el polvo como un peón aburrido.

Era inútil pretender atacar con razonamientos el firme muro de sentimientos irracionales con los que, al parecer, está moldeada el alma de la mujer.

Lo que pasa, querido Flajsman, es que las personas tienen la obligación de saber. Las personas son responsables de su ignorancia. La ignorancia es culpable. Y por eso no hay nada que le libre a usted de sus culpas y yo afirmo que es usted, con respecto a las mujeres, un guarro, aunque usted lo niegue.


Al sur de la frontera, al oeste del sol por Haruki Murakami (1992)

Este fue, sin lugar a dudas, el mejor libro que leí en el mes. Sé que es poco objetivo de mi parte decir eso siendo así de fan de Murakami, pero es que esta historia es tan emotiva que haría falta ser una estatua para no conmoverse. Desde el título ya me gustaba el libro y cuando terminé sentí que había superado con creces mis expectativas.

Me encanta esa forma de abordar las situaciones, que todos niegan u ocultan, pero que experimentamos o lo hemos vivido. Esa habilidad y sentimentalismo es lo que me encanta de él y por lo que no termino de explicarme por qué le han negado el premio Nobel de Literatura. Resumiendo, este relato escrito por este gran señor logra dejar un remolino de emociones en el estómago cuando terminas de leer lo que tiene que contar, tanto por lo que leíste como por lo que no leíste —tiene la costumbre de dejar varias cosas abiertas para que sea el lector el que las cierre a su modo—.

En fin, Murakami siempre es una excelente elección cuando se está en una librería, y de entre todos los libros que ha publicado, este es uno de los mejores.

Para finalizar comparto algunas palabras incluidas en esta grandiosa novela:

Pretend you're happy when you're blue, it isn't very hard to do. Ahora sí entiendo lo que significa. «Cuando estés triste, finge que eres feliz. No es tan difícil»: igual que la sonrisa que ella esbozaba siempre. Ésa es, desde luego, una manera de ver las cosas. Pero a veces cuesta.

Yo lo sabía; sabía que ella me había cogido la mano de una manera espontánea, pero que, en realidad, lo había hecho porque deseaba hacerlo. Aún hoy recuerdo el tacto de su mano aquel día. Es un tacto diferente a cualquier otro que haya experimentado después. Era simplemente la mano pequeña y cálida de una niña de doce años. Pero en aquellos cinco dedos y en aquella palma se concentraban, como en un catálogo, todas las cosas que yo quería saber, todas las cosas que tenía que saber. Y ella, al tomarme de la mano, me las enseñó. Me enseñó que en el mundo real existía un lugar como aquél. Durante diez segundos tuve la sensación de haberme convertido en un pajarillo perfecto. Surcaba el aire, sentía el viento. Desde las alturas, podía ver paisajes lejanos. Tan remotos que no era capaz de vislumbrar con claridad lo que había. Pero supe que existían. Y que algún día iba a visitarlos. Esa certeza me dejó sin aliento, me hizo estremecer.

Al regresar a casa, me senté ante la mesa de mi habitación y mantuve largo rato los ojos clavados en la mano que Shimamoto había sostenido. Me sentía lleno de felicidad. Aquel dulce tacto me caldeó el corazón durante muchos días. Pero, al mismo tiempo, me turbó, me confundió, me angustió. ¿Qué diablos tenía que hacer con aquella felicidad? ¿Hacia dónde debía conducirla?

«Es diferente de Shimamoto», pensé. «No me da lo que Shimamoto me daba. Pero es mía y quiere ofrecerme todo lo que puede. ¿Cómo podría hacerle daño?». Entonces no lo sabía. No sabía que era capaz de herir a alguien tan hondamente que jamás se repusiera. A veces, hay personas que pueden herir a los demás por el mero hecho de existir.

—Cuando te miro, tengo la sensación de estar viendo una estrella lejana —dije—. Es muy brillante. Pero la luz que veo fue emitida hace decenas de años. Y ahora la estrella tal vez ya no exista. No obstante, a veces esa luz me parece más real que cualquier otra cosa en el mundo.

—Tú estás aquí —proseguí—, o eso parece. Pero quizás no lo estés. Quizá lo que veo no sea más que una especie de reflejo, y la auténtica Shimamoto se encuentre en otro lugar. Quizás hayas desaparecido hace mucho, mucho tiempo. Cada vez estoy menos seguro. Y cuando alargo la mano e intento comprobarlo, te escondes detrás de palabras como «quizá» y «por una temporada». Óyeme, ¿durará mucho esto?

Shimamoto también sonrió. Fue una sonrisa parecida al primer rayo de sol que, abriéndose camino en silencio a través de las nubes, brilla después de la lluvia.